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Guía «Gestión de Integridad para la Industria Minera» fue presentada en Rust Wars 7

27 de agosto de 2026

En el marco del 7° Congreso Rust Wars, realizado en Viña del Mar, Alejandro Irarrázabal Figueroa, fundador de ECOS Ingeniería en Integridad y Presidente de NACE Chile, presentó ante la industria minera los fundamentos de la nueva Guía de Integridad de Activos, desarrollada en conjunto con Kent Muhlbauer a lo largo de un extenso trabajo previo.

La presentación abordó tres grandes bloques:
la definición de integridad de un activo y los beneficios estratégicos de contar con un Programa de Gestión de Integridad (IMP, por sus siglas en inglés);
el ciclo de integridad de activos como metodología central de implementación;
y una introducción a la gestión cuantitativa del riesgo, presentada como el elemento más importante de todo el programa.

Una guía técnica con estatus de práctica recomendada

Irarrázabal enmarcó el documento como una guía técnica de práctica recomendada, que establece el marco metodológico y de gobernanza para desarrollar e implementar un programa de gestión de integridad en activos de la industria minera.

Definió la integridad de un activo como su condición respecto a la seguridad de las personas, la protección ambiental y la confiabilidad operacional: un activo íntegro es aquel capaz de cumplir las funciones para las que fue diseñado o construido, de forma eficiente y confiable, respetando los estándares que rigen su diseño, operación y mantenimiento.

El origen normativo: de oil & gas a la minería chilena

Un punto central de la exposición fue el origen de esta disciplina. Los programas de gestión de integridad son una práctica estándar hace tiempo en industrias de alto riesgo —oil & gas, generación nuclear— y la normativa que regula la integridad de activos proviene precisamente de esas industrias, donde contar con un IMP es mandatorio dado el riesgo de sus operaciones.

Irarrázabal repasó el marco regulatorio que ha adoptado la minería chilena, incluyendo códigos como el ASME B31.8S (gestión de integridad de gasoductos) y el API 1160 (gestión de integridad de ductos de transporte de líquidos peligrosos). En Estados Unidos, estos códigos fueron incorporados a los códigos federales regulatorios (partes 190 y 195), exigiendo por ley un programa de gestión de integridad.
En Chile, mencionó el Decreto Supremo N° 280 del Ministerio de Economía, que obliga a los operadores de hidrocarburos a contar con un sistema de gestión de integridad. Además, el artículo 31 del Reglamento de Seguridad Minera (Decreto Supremo N° 132), que exige a las empresas mineras adoptar las medidas necesarias para garantizar la vida e integridad de sus trabajadores propios y de terceros, así como de sus equipos, maquinarias e instalaciones.

Qué es y para qué sirve un IMP

El programa de gestión de integridad es, en esencia, un sistema de gestión basado en riesgo cuantitativo, aplicable a una amplia gama de activos y sistemas —no solo en minería—. Sus principales beneficios, según Irarrázabal, son:

  • Resguardar a las personas y al medio ambiente.
  • Preservar la continuidad operacional.
  • Fortalecer la confianza de entidades regulatorias y partes interesadas.
  • Respaldar decisiones de negocio informadas durante toda la vida útil del activo.

Un IMP puede aplicarse en cualquier etapa del ciclo de vida de un activo: ingeniería conceptual, básica o de detalle, construcción, operación, o extensión y término de vida útil. Y, subrayó, proporciona a los operadores un marco unificado para gestionar riesgos de baja frecuencia y alta consecuencia de manera cuantitativa y disciplinada.

El ciclo de integridad de activos: cinco etapas

El corazón metodológico de la guía es el Plan de Integridad de Activos (PIA), organizado en cinco etapas que pueden reordenarse según el tipo de activo:

  1. Definición del activo: se establece el alcance del programa respecto al activo y sus componentes, y se recopila y ordena toda la información disponible.
  2. Identificación de amenazas a la integridad, clasificadas en tres tipos:
    • Dependientes del tiempo: corrosión (externa, interna, agrietamiento por esfuerzo corrosivo o stress corrosion cracking) y erosión.
    • Independientes del tiempo: daños por terceros, clima, suelo, otras fuerzas externas u operaciones incorrectas.
    • Estables o de resistencia: fallas de diseño, de construcción, de equipos o de especificaciones.
  3. Cálculo del riesgo para cada amenaza identificada, priorizando según su magnitud. Aquí Irarrázabal destacó el elemento diferenciador de la guía: el cálculo se realiza de forma cuantitativa —no cualitativa, como suele hacerse hoy—, incorporando no solo la tasa de eventos históricos y su estadística asociada, sino también la opinión de expertos, el juicio de ingeniería y un conocimiento acabado del fenómeno físico detrás de cada amenaza.
  4. Evaluación de integridad del activo, que retroalimenta con nueva información el recálculo del riesgo.
  5. Definición de medidas de mitigación, orientadas a llevar el riesgo a un valor ALARP (as low as reasonably practicable), es decir, el punto en que el costo de una medida adicional resulta desproporcionado frente a la reducción de riesgo que produce.

Irarrázabal ilustró este último concepto con un ejemplo: ante una amenaza de corrosión, construir una estructura en oro eliminaría el riesgo, pero el costo sería completamente desmesurado frente al beneficio. Ese equilibrio es, precisamente, la lógica del valor ALARP.

También aclaró dos matices metodológicos importantes: una empresa especialista en integridad no necesita ser experta en todas las disciplinas involucradas —debe convocar a especialistas de cada área—, y el ciclo no es rígido. En activos antiguos sin información disponible, puede ser necesario saltar directamente a la etapa de evaluación, o incluso implementar una medida de mitigación inmediata antes de aplicar el ciclo completo, cuando el nivel de riesgo lo amerita.

La tríada del riesgo: exposición, mitigación y resistencia

Al profundizar en el cálculo cuantitativo, Irarrázabal presentó la definición clásica de riesgo —probabilidad de ocurrencia por consecuencia— y explicó que el verdadero desafío está en calcular esa probabilidad de forma cuantitativa. De ahí nace la tríada del riesgo:

  • Exposición: la fuerza que puede ocasionar una falla si no existe mitigación ni resistencia suficiente.
  • Mitigación: valor que representa la eficiencia de todas las medidas tomadas para reducir el riesgo de una amenaza determinada.
  • Resistencia: la capacidad del componente o activo de soportar la fuerza de exposición cuando esta lo alcanza —análoga, en el ejemplo de corrosión que expuso Irarrázabal, al sobre-espesor de un ducto.

Un sistema estratégico, no solo técnico

Irarrázabal cerró su presentación con un mensaje clave: el IMP no debe entenderse únicamente como una disciplina técnica, sino como un sistema estratégico de control de riesgo del negocio, propio de industrias de alto riesgo. Su implementación fortalece la gobernanza y la confianza de propietarios y entidades regulatorias, gestiona el riesgo cuantitativamente, alinea la gestión de integridad minera con estándares internacionales, respalda la continuidad de operaciones críticas, extiende la vida útil de los activos y beneficia la asignación de CAPEX y OPEX.

Si bien un IMP puede implementarse en cualquier etapa de vida de un activo, su beneficio se maximiza cuando se incorpora desde la ingeniería conceptual, básica o de detalle, ya que es en esa etapa donde se toman las decisiones que determinan el riesgo futuro durante la construcción, operación y término de vida útil.

El flujo ideal, según describió, continúa así: el programa de integridad —con los riesgos ya calculados para cada amenaza— pasa a los constructores, quienes vuelven a aplicar el ciclo incorporando toda la información generada durante la construcción y puesta en marcha. Tras el comisionamiento, los constructores entregan a operaciones el programa con los riesgos recalculados, generando los IKPI (indicadores clave de desempeño de integridad) que operaciones deberá mantener en un valor igual o menor durante la vida útil del activo.


Este artículo se basa en la presentación de Alejandro Irarrázabal Figueroa, fundador de ECOS Ingeniería en Integridad y Presidente de NACE Chile, en el 7° Congreso Rust Wars, Viña del Mar.